Para practicar el análisis y la reflexión personal, a menudo en Filosofía tendrás que realizar como tarea lo que conocemos como disertación.

"Disertar" consiste en emitir una opinión elaborada y reflexiva acerca de alguna cuestión de interés. A través de la disertación, podemos expresar nuestras opiniones, de forma razonada y argumentada, acerca de diferentes cuestiones. Es, por lo tanto, un ejercicio de filosofía práctica, en el que nos convertimos, momentáneamente al menos, en filósofos.
  • Disertar es, ante todo, adoptar una determinada postura respecto a un problema planteado y defender dicha postura, ante un supuesto auditorio (real o imaginario). La finalidad de la disertación es convencer a tu auditorio o público lector de la conveniencia de la postura defendida.
  • Disertar no es exponer un tema, ni describir o definir una determinada teoría, ni hablar de un determinado asunto para informar al lector, sino comprometerse con una postura y defenderla, así como atacar las posturas contrarias, siempre desde la razón y los argumentos, nunca usando las descalificaciones personales o falsos argumentos basados en informaciones incorrectas. 
Con el fin de que puedas contar con un modelo en el que puedas inspirarte cuando tengas que hacer una disertación, voy a proponerte a continuación una disertación en la que recogeremos y desarrollaremos los elementos básicos o estructura de toda disertación filosófica:

  • Justificación del tema, en la que sentaremos la importancia del tema elegido, lo presentaremos y explicaremos qué posturas caben en torno al mismo. La presentación debe ser amena y cumplir un cometido esencial: motivar y despertar el interés del lector, la curiosidad y el deseo de conocer la opinión del autor. La justificacón del tema puede hacerse mediante interrogantes, o a través de algún tema de actualidad que conecte con el interés potencial del lector.
  • Exposición de nuestra tesis o idea central. En este apartado expondremos clara y concisamente nuestra opinión al respecto. Se trata de exponerla del modo más claro y contundente posible, y con brevedad.
  • Defensa de nuestra tesis. A continuación, pasaremos a exponer las razones y argumentos mediante los que vamos a defender nuestra tesis u opinión. Nos basaremos en datos, estadísticas, estudios científicos a ser posible, argumentos, ejemplos... todo aquello que pueda esgrimirse en defensa de nuestra idea. También podemos recurrir, de ser necesario, a la crítica de las opiniones contrarias, mostrando sus puntos débiles, sus contradicciones, o aquello que en nuestra opinión las descalifique. Pero ten en cuenta, una vez más, en que ha de mantenerse siempre el respeto a las personas, y no usar la descalificación personal como argumento.
  • Resumen y cierre. Cerramos nuestra disertación volviendo a nuestra tesis central, remarcándola, u ofreciendo, en su caso, posibles soluciones.  

Por ejemplo. Veamos una disertación sobre el problema de la violencia en las aulas, pero no mediante una mera exposición del mismo. Disertar significa exponer de forma argumentada una opinión respecto a un tema, es decir, decantarse y tomar partido, convencer, y aún más: atacar las opiniones contrarias. Pero ten en cuenta que ha de hacerse siempre desde el respeto y la razón, dialogando y nunca imponiendo, y exponiendo las opiniones no de un modo dogmático, ni mediante la descalificación personal, sino a través de argumentos y razones.

Así pues, hablaremos de la violencia en las aulas, pero lo haremos tratando de exponer una teoría explicativa acerca de la misma, es decir, opinando acerca del fenómeno, sus causas y sus posibles soluciones. Presta atención a los diferentes elementos de la disertación:

Justificación del tema  (No hace falta titular cada epígrafe).

¡Violencia en las aulas! Alumnos que agreden a sus compañeros y graban las agresiones con las cámaras de sus móviles; agresiones a profesores; grupos o pandillas que atemorizan a los más débiles, o a los extraños, con un ensañamiento que a veces lleva a las víctimas a la depresión, incluso al suicidio (recordemos el caso de Mikel, el joven que se suicidó porque no soportaba el asedio continuo de sus compañeros). Un clima extraño que se adueña de algunos centros y aulas, haciendo imposible la convivencia y la enseñanza.

¿Qué está ocurriendo? ¿es un fenómeno nuevo, cualitativamente nuevo, o se trata simplemente de un fenómeno de "toda la vida", solo que amplificado por los medios de comunicación?

Exposición de nuestra tesis o idea central

En nuestra opinión, nos encontramos ante un fenómeno completamente nuevo. No se trata, pues, de algo "de toda la vida", como sostienen algunos autores, sino de algo que obedece a causas y a circunstancias novedosas. Para decirlo de un modo resumido, veremos cómo la violencia en las aulas es consecuencia de un fenómeno cultural y social más amplio, del fenómeno que hemos denominado como "justificación ideológica de la violencia", transmitido y propagado a través de diferentes instrumentos de difusión cultural: televisión, cine, videojuegos...

Defensa de nuestra tesis

La institución escolar no es una institución cerrada en sí misma, sino abierta y porosa. Los jóvenes son especialmente influenciables: se encuentran en una etapa de construcción de la identidad personal, y en este período se buscan modelos de conducta que sirvan de pauta y ejemplo. Si antiguamente esos modelos provenían de los adultos, en las sociedades modernas ha surgido toda una iconografía en torno a la imagen del joven rebelde.

Esta iconografía no es en sí misma precursora de la violencia. Sin embargo, se ha asociado demasiado frecuentemente con la violencia. Se propone un modelo de personalidad basado en la fuerza, y no en el diálogo o el respeto. La violencia genera imágenes impactantes, atractivas desde un punto de vista icónico. Conectan con la necesidad de autoafirmación del joven, y se presentan como una válvula de escape ante una situación social que puede llegar a ser frustrante.

La violencia no es natural al ser humano, como pretenden algunos teóricos. La conducta violenta es aprendida. Si bien hay una violencia de origen biológico que sí es natural, dicha violencia tiene, en el resto de las especies, una función adaptativa, y una serie de pautas que la desencadenan y la detienen cuando ha cumplido su cometido (de no ser así, la violencia entre animales de una misma especie podría ser perjudicial para la misma especie). En el ser humano la violencia no es adaptativa; no se desencadena automáticamente ante un estímulo; puede ser y de hecho es controlada.

En resumen: para que la conducta violenta se desarrolle en el ser humano, debe darse un aprendizaje. Este aprendizaje es cultural.

A esto hay que añadir otra circunstancia de carácter social: una situación de difuminación de las normas, que la escuela como institución sufre especialmente. Los viejos modelos autoritarios han desaparecido, y se ha pasado a la construcción de modelos de convivencia más igualitarios. Las normas han perdido peso y relevancia. El individualismo como pauta cultural ha ganado terreno, y entretanto se produce un ajuste al nuevo modelo de convivencia, que respete las libertades y derechos individuales de los alumnos, se pierden de vista los deberes y las responsabilidades. En pocas palabras: la escuela es un contexto social muy vulnerable a los cambios sociales, al impacto de los nuevos iconos, que a veces están al servicio de ideologías que están interesadas en promover la violencia frente al diálogo y la tolerancia.

Resumen y cierre

Nos encontramos ante un nuevo fenómeno de carácter no solo escolar, sino social y cultural. La violencia como modelo de conducta ha impregnado a nuestros jóvenes y ha llegado a la escuela. Tenemos que encontrar la manera de atajar el problema, antes de que altere de modo irreversible la convivencia en nuestros centros educativos.

Pero, al tratarse de un problema que trasciende a la propia institución educativa, y que atañe a familias y poderes del Estado, la solución deberá pasar necesariamente por un diálogo entre todas las partes implicadas.