Textos de opinión: propuestas de los miércoles
8. 18 de marzo. IA y universidad

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Indica qué tipo de nexo constituyen los elementos subrayados, y si establecen una relación de coordinación o de subordinación
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Indica un sinónimo que pueda sustituir a estas palabras del texto: erosión, soporte, integrar, disrupción, reconfigurando, concernidas, tácito, atesoran, imperativo
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Explica el significado de las derivadas: politología, funcional, automatización, ineficiencia, administrativo
Un giro copernicano de la IA en la universidadJESÚS BENÍTEZ. Profesor de Ciencia Política en la Universidade de Santiago, especializado en métodos computacionales La universidad se enfrenta hoy a un espejismo: considerar que la denominada inteligencia artificial (IA) es meramente una herramienta que puede incorporarse sin más a las estructuras existentes, como ya sucediera con las computadoras en los 80 o internet en los 90. Al reducir el desafío a una cuestión de soporte técnico, nos arriesgamos a delegar el liderazgo en la informática, cometiendo el mismo error que sería atribuir la revolución de la imprenta no a la Enciclopedia, a las tesis de Lutero o al nacimiento del periodismo, sino al liderazgo intelectual de los cajistas -aquellos técnicos que, usando moldes de plomo, componían los textos para su impresión en papel-. Nuestro reto principal no es ya integrar la IA en la universidad, sino integrar la universidad en esa sociedad que esta nueva tecnología está ya reconfigurando, como cualquier docente atento comprueba en las dinámicas de su alumnado. Refutado ese reduccionismo informático, el reto es determinar cómo integrar las disciplinas mejor equipadas para acompañar este cambio. La perspectiva politológica resulta aquí especialmente útil al permitir proyectarlo sobre la triple estructura funcional de la universidad: docencia, investigación y administración. En esta última, contar con los trabajadores es lo fundamental, pues sin el conocimiento tácito que atesoran condenamos cualquier automatización a la ineficiencia, en el mejor de los casos. Resultará imperativo resolver la cuestión de la privacidad, pues incorporar soluciones comerciales no puede implicar desproteger los datos de las miles de personas cuya información sensible gestiona la universidad. El mismo riesgo se extiende a la investigación, donde el compromiso con la ética científica entra directamente en conflicto con el uso irresponsable cuando no ilegal de material tan sensible como los datos médicos o las opiniones políticas en redes sociales, así como la dependencia de cajas negras analíticas, cuyos resultados no es posible validar. Para que la IA sea una aliada y no un agente de erosión democrática, las ciencias sociales y jurídicas están llamadas a compartir un liderazgo que debe incorporar también las humanidades y las técnicas. En el ámbito docente es necesario actualizar tanto los contenidos como los métodos utilizados para impartirlos, y hacerlo además para la diversidad de titulaciones, desde la originaria Filosofía a la futurista Robótica. El instrumento principal es, sin duda, la modificación de los planes de estudio, pero su procedimiento administrativo no fue diseñado para esta disrupción. Será necesario habilitar mecanismos de participación que, partiendo del protagonismo de las áreas de conocimiento concernidas, sean capaces de incorporar la diversidad de disciplinas anteriormente identificadas. De lo contrario, nos veremos abocados a un escenario absurdo: el de una institución educativa donde los docentes acabaremos usando servicios de IA para evaluar los trabajos que nuestros alumnos elaboraron usando también he-rramientas de IA y, si me disculpan la acotación, con más pericia que sus profesores. |