Eugenia de Montijo
María Eugenia Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba y emperatriz de Francia, más conocida como Eugenia de Montijo. Hija del Conde de Montijo, nació en Granada, en 1826 y murió en Madrid, en 1920.
Cuando Eugenia vino al mundo en la noble ciudad de la Alhambra, sufría la ciudad un importante terremoto, por lo que el alumbramiento tiene lugar en una tienda de campaña habilitada para el caso en el exterior del palacio por temor a un derrumbe fatal.
Su niñez transcurrió en Granada pero, iniciada la adolescencia, sus padres la envían a estudiar en Francia y en el Reino Unido.
Huérfana de padre en el año 1839, residió entre Granada y Madrid, y viajó junto a su madre y hermana por Italia, Francia, Inglaterra y Alemania hasta que ya en 1850 fijan su residencia en París.
Fue Emperatriz de Francia (1853-1871) porque contrajo matrimonio con el Emperador Napoleón III.
Tras el nacimiento del príncipe imperial, Napoleón Eugenio Luis Bonaparte, en 1856, aumentó su interés por los asuntos de Estado, en los que intervino manifestando siempre sus propios puntos de vista, a menudo opuestos a los de su marido.
María Eugenia no perdió el tiempo en sus días en Francia, contribuyendo intensamente para convertir París en la Ciudad de la Luz. Entre otras cosas promovió las obras de alcantarillado de la ciudad. Mujer muy avanzada para la época, luchó por los derechos de la mujer, consiguiendo que por primera vez se concediese la Legión de Honor a una mujer, y abogó por el sufragio femenino. A nivel internacional financió la apertura del canal de Suez y apoyó las investigaciones de Luis Pasteur, que acabarían en el descubrimiento de la vacuna contra la rabia…
Coqueta y presumida, dictó la moda durante décadas. Su estilo fue copiado en todo el mundo, lo que favoreció la industria textil francesa (la alta costura francesa) y creó la marca de París como capital del lujo. Ideó el miriñaque y, posteriormente, el polisón, el escote para lucir los hombros, los collares de chatones, el perfume y el maquillaje.
Muchos años más tarde, Rafael de León escribió esta canción:
Eugenia de Montijo
qué pena, pena,
que te vayas de España
para ser reina.
Por las lises de Francia
Granada dejas,
y las aguas del Darro
por las del Sena.
Eugenia de Montijo
qué pena, pena.
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