Los plásticos son materiales extraordinariamente útiles, pero una de sus grandes ventajas sobre otros materiales, la durabilidad, es también uno de sus más grandes inconvenientes, ya que tardan mucho en descomponerse. Una vez los hemos arrojado a un vertedero, a la basura o en el medio ambiente, permanecen ahí por mucho tiempo; algunos parece que duran eternamente. De forma breve se puede afirmar que, dependiendo del tipo de plástico, tardan entre 100 y 1000 años en degradarse, con una media de 500 años.

La acumulación de este tipo de desechos supone un gran riesgo medioambiental y para la salud de las personas:

  • Las partículas de plástico se acumulan en nuestro organismo a través del agua y los alimentos, contaminando la sangre y los órganos.
  • El 80 % de los desechos plásticos van a parar al mar, destruyendo la fauna marina y contaminando las reservas naturales.


Una solución para evitar este problema es el reciclado, usando los mismos materiales una y otra vez. Pero este procedimiento no está exento de problemas: los distintos tipos de plásticos (¡y hay muchos!) no se mezclan bien entre sí. Además, los plásticos se degradan al ser reciclados y sus propiedades son peores que las de los producidos por primera vez. Hay productos de plástico casi imposibles de reciclar porque el proceso no es rentable.

Se han buscado otras vías para disminuir el volumen de desechos asociados al consumo de plásticos, como la incineración, que genera energía; el reciclado químico; la descomposición por hongos o bacterias; o la obtención de combustibles a partir de estos residuos, pero todos estos procesos están en fase de investigación o presentan problemas adicionales.

Última modificación: venres, 10 de outubro de 2025, 9:16 AM