Demostrativo, deliverativo e xudicial.
Os tres xéneros da retórica, en realidade son tres xéneros para falar do tempo: pasado, presente e futuro:
O genus iudiciale é o que corresponde ás exposicións realizadas ante un xuíz co obxectivo de acusar ou defender, respecto dun asunto do pasado, unha causa suscitada en término de xustiza fronte a inxustiza. Os seus polos son acusación e defensa
O genus deliberativum é o que corresponde aos discursos pronunciados ante unha asemblea; o orador pretende aconsellar ou disuadir en términos de utilidade. Fronte ao xénero xudicial, que se centra en acontecementos pasados, o tema dos discursos deliberativos é como afrontar no futuro un determinado asunto.
O genus demonstrativum céntrase en individuos particulares aos que se trata de encomiar ou denostar ante un público; ocúpase de feitos pasados e diríxese a un público que non ten capacidade para influír sobre os feitos, senón tan só de asentir ou disentir sobre o xeito de presentalos que ten o orador, encomiándoos ou vituperándolos. Está centrado no belo e no seu contrario, o feo. Os seus polos son, pois, a alabanza ou encomio e o denuesto ou vituperio.
Alfonso Mrtín Jiménez en Hablar en público:
LOS TIPOS DE DISCURSOS RETÓRICOS: JUDICIAL, DELIBERATIVO Y DEMOSTRATIVO
Aristóteles distinguió en su Retórica tres géneros o tipos de discursos: el género judicial, el género deliberativo y el género demostrativo.
El género judicial representa el tipo paradigmático de discurso, sobre cuyo modelo se construyen los otros dos tipos. Es propio de los discursos que se pronuncian en el ámbito jurídico, y está destinado a convencer sobre cosas pasadas. Hay al menos un discurso de acusación (fiscal) y otro de defensa (abogado defensor) que se dirigen a un juez o a un jurado, el cual dictamina la culpabilidad o inocencia del acusado.
El discurso deliberativo (también llamado político), está destinado a convencer sobre cosas futuras. Se pronuncia ante una asamblea política o un grupo de oyentes con capacidad de decisión sobre el asunto del discurso, de manera que se intenta convencer a los destinatarios de que hagan algo (o de que no hagan algo) en el futuro. Puede haber dos o más oradores que adopten posturas diferentes.
El discurso demostrativo (también llamado epidíctico) puede ser de alabanza o de recriminación, y versa también (como el judicial) sobre cosas pasadas. En él se trata de comentar más que convencer, y lo que se juzga es la habilidad del propio orador para realizar la alabanza o el vituperio. No suele haber contrincante.
La clasificación aristotélica de los discursos retóricos pasó a la mayor parte de los tratados posteriores, y puede que no sea por casualidad. De hecho, se ha sostenido que los tres géneros oratorios de Aristóteles tienen un carácter universal, y que, aunque hay discursos que aparentemente no se encuadran en ninguno de esos tres tipos, suelen constituir una variedad o una mezcla de los propuestos por Aristóteles.
Así, se ha tratado de ampliar la clasificación tripartita de Aristóteles, añadiendo géneros como el homilético, que corresponde al de los sermones de la predicación religiosa, o el ensayo erudito, literario o no, donde se encuadran los discursos de las tesis doctorales o los ejercicios de las oposiciones universitarias en el ámbito español.
Sin embargo, esos dos tipos de discursos no dejan de tener relación con los discursos aristotélicos. Así, el sermón (género homilético) puede constar de una alabanza de los santos, de Dios o de Jesucristo (lo que se encuadraría en el género demostrativo); de una condena de los pecados cometidos en el pasado (género judicial) y de una exhortación a que los fieles se comporten
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adecuadamente en el futuro (género deliberativo). Asimismo, el ensayo erudito pronunciado por un doctorando o un opositor puede contener una autoalabanza del candidato (género demostrativo) y una exhortación a que los componentes del tribunal lo valoren positivamente, otorgándole la condición a la que aspira (género deliberativo).
Existen además otros tipos de discursos que no equivalen exactamente a los propuestos por Aristóteles: por ejemplo, el discurso de inauguración de una obra, el brindis por una persona, los discursos de homenaje a personas que han mostrado determinados méritos, los discursos de apertura del curso académico en las Universidades…
No obstante, casi todos los tipos de discursos tienen relación con los géneros aristotélicos o constituyen una mezcla de los mismos. Así, cuando se presenta a alguien, se brinda por alguien, o se clausura algo, suele haber un elogio de la persona o de la actividad realizada que se relacionan con el género demostrativo; los distintos tipos de charlas o conferencias pretenden convencer a los oyentes de las virtudes de los contenidos expuestos (género demostrativo), incitándoles a adoptar en el futuro las ideas o la postura del orador (género deliberativo); e incluso la simple lectura en público, si es que puede considerarse un tipo de discurso oratorio, podría perseguir la finalidad de mostrar la habilidad del propio lector (género demostrativo). De ahí que no falten autores que defiendan la validez transhistórica y transcultural de la clasificación aristotélica de los géneros retóricos, que constituirían el modelo básico de cualquier tipo de discurso retórico imaginable en los distintos momentos históricos y en cualquier ámbito cultural.
Lo cierto es que en muchos discursos se mezclan dos o más géneros, por lo que cabría considerar el concepto de “componente genérico”. Cabe pensar que un discurso puede tener un componente genérico principal, y uno o varios componentes de tipo secundario, de manera que el componente principal determinaría la adscripción genérica del discurso.
En suma, los tres géneros oratorios propuestos por Aristóteles (el género judicial, el deliberativo y el demostrativo) tienen un carácter universal, por cuanto constituyen el modelo básico de todos los discursos retóricos imaginables, si bien puede haber discursos que no se ajusten totalmente a los establecidos por Aristóteles, aunque guarden relación con ellos, y otros que estén compuestos por varios componentes genéricos. Y a la hora de elaborar un discurso, el orador puede pensar qué componentes genéricos lo integrarán, lo que le ayudará a definir sus objetivos con claridad.