Afila tu espada, ordena a tu ejercito y fortalece tus castillos. La corona está en juego.
"Año 738 de Nuestro Señor Jesucristo,
Alcanzando el rey la edad madura, llegábanle de todas partes del reino noticias de su buen quehacer y magnánima gobernanza. Allí donde antaño la ley de la espada reinara, brota hoy la quebradiza flor de la paz. Pero no serán exóticos pájaros los que desde tierras lejanas mancillen aquello que tanto esfuerzo costó, sino la sibilina y serpenteante codicia, quien derramando su ponzoña, allane el camino de la traición.
Amigos contra amigos, hermanos contra hermanos… la promesa de un futuro pacífico rota por el entrechocar de los hierros. Retumbe ya la tierra al pisar de los caballos, estremézcase el cielo bajo el vuelo de las flechas, y apártense ríos, bosques y montañas al paso de las espadas. Y así, encontrose el rey acorralado por aquellas hienas que en otros tiempos en su mesa comieran y sus gracias alabaran.
¡Maldito sea el metal por permitir que hasta la última gota de sangre perdiera aquel que con tanto ahínco un reino construyera!
Caído ya el rey, destruido ya su reino, la desgracia acudió con su sórdido manto y la vida en una noche eterna sumió.
¿Quién compondrá ahora los pedazos rotos? ¿Quién restaura ahora la tan anhelada paz?
Bien nacido, tuya es la gloria".