Cierto, Marta. Vivimos en una sociedad un tanto estresante. A veces las jornadas de trabajo de algunas personas son maratonianas y cuando se llega a casa, roto, lo que menos apetece es conversar, algo tan necesario.
Los niños, igualmente, tienen unas jornadas laborales trepidantes: clases, deberes, actividades extraescolares.
Se echa en falta una sociedad con menos prisas en que tenga la cabida que merece el espacio para dialogar.