Como en prácticamente toda Europa, el origen de estos derechos nace a finales del siglo XIX, en plena Revolución Industrial, cuando las condiciones laborales eran precarias y no existía una normativa que protegiera a los obreros. Aunque no fue hasta principios del siglo XX cuando comenzaron a surgir las primeras leyes laborales en España, como la Ley de Accidentes de Trabajo (1900) y el Instituto Nacional de Previsión (1908).
El 24 de julio de 1873 cuando se aprobó en España la primera ley creada específicamente para tal fin: la ley Benot. Su objeto fundamental era proteger a los menores de las abusivas condiciones en que se les empleaba en los establecimientos industriales.
Con la llegada de la Segunda República (1931), se reforzaron los derechos sindicales y se avanzó en derechos como la jornada de 8 horas.