Para saber más

Sitio: AULA VIRTUAL do IES Ricardo Mella
Curso: 2º BAC RELI
Libro: Para saber más
Impreso por: Usuario convidado
Data: venres, 16 de xaneiro de 2026, 10:07 PM

Descrición

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1. El hecho religioso

• Es un hecho específicamente humano. El hecho religioso es propio y exclusivo de la especie humana; solo se da entre los humanos, no hay religión en otras religiones. Solo la especie humana da muestras del hecho religioso. Solo quien tiene capacidad racional, tiene religión; por lo tanto para que haya religión tiene que haber razón, ya que si no hay razón, lo que hay es sumisión. Por lo tanto, la razón y la fe no están tan lejanas.

• La experiencia religiosa tiene que ver con la búsqueda del sentido último. En toda experiencia religiosa siempre aparecen las grandes cuestiones de la vida. Toda persona va a intentar dar respuesta a las preguntas de la vida.

• Todo fenómeno religioso remite a una realidad suprema. Siempre hay una referencia a un ser supremo o transcendente o divino en definitivo. Un ser del que el hombre puede llegar a conocer y experimentar, pero no puede demostrar, ya que desborda la capacidad humana.

2. Mesopotamia

  • La religión en la Mesopotamia antigua era politeísta, puesto que rendían culto a una gran variedad de dioses.
  • Los dioses de Mesopotamia tenían una apariencia antropomórfica y un comportamiento similar al de los humanos: comían, se casaban, se peleaban, tenían descendencia, etc.
  • La diferencia fundamental entre dioses y hombres era la inmortalidad de los primeros. Aunque podían concedérsela a quien ellos quisieran.
  • Los dioses mesopotámicos eran crueles y vengativos, inmisericordes con el hombre la mayoría de las veces. El mejor ejemplo de esto lo tenemos en el relato del Diluvio (copiado posteriormente en la Biblia) que envió el dios Enlil contra los hombres para exterminarlos por ser demasiado ruidosos y no dejarle dormir. Es decir, los hombres mesopotámicos no sentían amor por sus dioses, sino una mezcla de miedo, temor y sumisión hacia sus creadores. Y de esto no se libraban ni los reyes, que debían recurrir a los oráculos para saber si los dioses aprobaban cualquiera de sus decisiones (campañas militares, sucesión, etc.)