Formar a un cocinero es como preparar una receta compleja y única.
Se necesitan ingredientes esenciales: una buena dosis de pasión, un toque de creatividad, grandes cantidades de esfuerzo, una cucharada generosa de curiosidad, abundante disciplina, un constante hilo de amor, y, por supuesto, una pizca imprescindible de trabajo en equipo.
Todo ello se mezcla cuidadosamente en el aula y en la cocina, se deja madurar con práctica, se sazona con experiencia, y se sirve con vocación.
Porque en la gastronomía, como en la vida, aprender a cocinar es mucho más que seguir una receta: es descubrir, crear, compartir y crecer.