Final de la carrera

Tortoise%20and%20The%20Hare%205167.jpgPero lo mismo hubiera sido si su veloz competidor hubiese estado a un kilómetro de allí. Con una gran embestida, la tortuga estiró el largo pescuezo y tocó la corteza del olmo un momento justo antes de que la liebre, jadeante, la alcanzara.

¡Había ganado la carrera!

Los espectadores aplaudieron con entusiasmo. Y palmearon a la tortuga en su ancha y lisa concha.

-Esa liebre siempre estuvo demasiado segura de sí misma -dijo el búho al águila-. Desde ahora, tendrá que comprender que no siempre es el más veloz quien gana la carrera.