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Los tigres de Mompracem (Sandokán) de Emilio Salgari

Capítulo 2: Ferocidad y generosidad

A la mañana siguiente, y antes que saliera el sol, Sandokán se alejó de la vivienda dispuesto a realizar el atrevido proyecto que imaginara.
Iba vestido con traje de guerra; calzaba altas botas de cuero rojo; llevaba una magnífica casaca de terciopelo, también rojo, y anchos pantalones de seda azul. En bandolera portaba una carabina india de cañón largo; a la cintura, una pesada cimitarra con la empuñadura de oro macizo, y atravesado en la franja, un kriss, puñal de hoja ondulada y envenenada, arma favorita de los pueblos malayos. Se detuvo un momento en el borde de la alta roca, recorrió con su mirada de águila la superficie del mar, y la detuvo en dirección del Oriente.
—¡Destino que me empujas hacia allá —dijo al cabo de algunos instantes de contemplación—, dime si esa mujer de ojos azules y cabellos de oro que todas las noches viene a turbar mi sueño será mi perdición! Lentamente descendió por una estrecha escalera abierta en la roca que conducía a la playa. Abajo lo esperaba Yáñez.
—Todo está dispuesto —dijo éste—. Mandé preparar los dos mejores barcos de nuestra flota.
(...)

Los Tigres de Mompracem. Wikisource
  • Sandokán se marchó de la vivienda.
  • Iba vestido con traje de guerra.
  • Calzaba .
  • Llevaba .
  • En bandolera portaba .
  • Se detuvo un momento en el borde de la alta roca.
  • Esa mujer venía todas las noches en sueños.
  • Recorrió con su mirada de águila .
  • Detuvo en dirección del Oriente.
  • Abajo Yáñez esperaba .
  • Hemos preparado para el viaje.
  • Nuestros hombres están en la playa descansando.
  • No me des .
  • Quizá haya preparado .
  • Trescientos hombres esperaban para la expedición.
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